sábado, 9 de enero de 2016

Serenidad



 Fotografía: Nicolas Hernández.



Dejame acá.
Quiero seguir coleccionando botones.
Dejame acá, quiero seguir cociendo los bordes
de estas pequeñas cajas. Son mías.
No las toques.
Dejame acá.
Quiero seguir coleccionando cuadernos
con los colores que invento para cada estación.
Dejame acá, mordiendo el vacío con los dientes 
sintiendo el vacío bordear las pestañas. Tus pestañas.
Dejame acá, creyendo por un segundo que estoy libre
de todo sentimiento y fuera de él.
Quiero seguir girando donde vos no podés entrar.
Dejame acá, pintando las sombras de los pájaros 
que están del otro lado de la ventana. Caminando. Moviéndose. Gritandose.
Acá, en este espacio que suena tan suave, deslizándose y rizándose,
con los recuerdos que yo nunca te mostre.
Acá con los círculos que se mueven al rededor mio. Acá, inmóvil. Sintiendo
cada parte de lo que ya no soy y quizás nunca fui.
Tan lejos de todas las images que pensaste que viste o encontraste de mí.
Dejame acá, con mis cajas suturadas en los bordes. Ocultas en los cajones
que lleno todas las horas. En la acumulación de la memoria que me traiciona
En la acumulación de sentimientos que bailan en la oscuridad del brillo en la noche.
Esperando. 
En la costa, al borde. Acá en lo azul y negro de lo que me persigue.
Acá con la desesperación que parece un sueño adentro de otro sueño volcándose detrás de
otro.
En el circulo oscuro de los ojos, que lloran.
Perdón. 
Perdón; en los ojos que no quieren llorar. Acá tan adentro de mi voz escondida.
En lo finito de mis manos, que tantas veces se agrietaron. Sosteniendo. Cambiando.
En este trance que no termina nunca porque no tiene principio.
Dejame acá, llevándote a lugares que no existen. 
Acá, tratando de que te los imagines dentro de mis vestidos.
Adentro de mis vestidos. Acá, abajo de mis vestidos.
Enseñándote a agarrarme más fuerte de la mano es que
las nubes están cerca y siempre me quieren llevar allá.
Soltándome. Soltándote. Soltando todo esto que no es nada y lo es todo a la vez.
Dejame acá, pinchando con agujas el tiempo que se arquea y me golpea en la cara. Tan fuerte.
Tan cerca que me asusta y  mirame; enredándome en mi pelo que no quiero salir.
No quiero salir de todo estos munditos que tanto esfuerzo me llevó construir.
Dejame en los colores que yo estoy trazando con todo el cuerpo,
en los blancos de la risa y lo profundo de dolor. Que sigue ahí, latiendo,todas las horas. 
Ahí, asomándose.
Dejame acá, escupiéndome.
 Quebrándome en las señas
 que sólo yo conozco: Las manos que tiemblan y 
el maldito árbol que crece repentinamente en los días
 que yo no puedo hablar.
En el enojo de sentirme en ese lugar.
Ese lugar. Mi lugar.
En las siete casa vacías que invento en mis sueños.
En mis caminatas nocturnas por la casa, cuando vos podés dormir y 
y yo no. 
En ese miedo chiquitito que siento bordeando mis dedos. En el temblor, sí, ese que vos viste.
Ese que sentiste sacudiéndome el cuerpo cuando estabas cerca mío.
Ahí, en el crecimiento de las formas que se iban trizando sobre este vidrio.
En ese espacio que tengo entre las costillas sintiendo que alguien (me) mira.
Dejame acá, hablando con todas las voces que tengo y que quiero pintártelas encima.
Bailando en las grietas de mi boca, de tu boca, de su boca detrás de las horas.
Dejame acá coleccionando cuadrados de cartón cargados de momentos.
En el medio de este lío, con la imagen de mí misma trazando un cuerpo en el rectángulo de la ventana con el sol detrás.
Con los nueve soles ascendiendo al fuego más alto que está adentro mío.
Dejame acá, yo, estoy aprendiendo serenidad y en los surcos de este camino 
sucede todo esto que estoy escribiendo con los ojos cerrados.
sucede todo esto que vos no podés ver, ni siquiera está ahí
Porque yo lo estoy ocultando
cociendo, a mi parte  más oscura
 con alguna luz a la distancia.