martes, 12 de noviembre de 2013
lunes, 11 de noviembre de 2013
Cómo empezar
XXV
Si pudiera salir del mundo, un segundo, trataría de decirme que existo lo mejor que puedo,
que lo intento -desesperadamente- una y otra vez.
(Pero no alcanza)
XXVI
Soy mitad y el resto no lo digo.
Entre pasillos me muevo con las manos vacías.
El aullido no cesa; mi corazón aullando amor.
Soy mitad y el resto escritos que no escribo.
Soy el dolor
de todo aquello que no es el cuerpo.
Puede que este oscuro y no encuentre el camino.
Tengo la cara sobre las manos. Las manos sobre la mesa, tengo
todas las venas expuestas esperando
a que me las cortes de un tirón.
Los monstruos invisibles se han puesto de pie.
Están adentro de la casa, metidos en las paredes, asomándose
en cualquier objeto que me rodea.
Te ensucie con mis golpes, y te estoy dejando
lágrimas. Camino sobre las heridas que te hice y te abrí.
Veo la sangre y ahora somos un río.
Tus ojos no me buscan y los míos no te encuentran.
Es que me escondiste tu corazón en una caja de huesos.
Es que tus brazos no están al rededor mio y estoy fuera
de si; dentro del no.
Escucho en el silencio el desprendimiento.
Es que me dejaste afuera y no me atrevo a golpearte la puerta.
Te encuentro conmigo en mis sueños, con flores de otro comienzo. En mis pesadillas
con presagios de un final.
Volvamos atrás, cuando el sonido de mi silencio
nos empujo a los dos.
Te recuerdo sosteniéndome la cara y es que no entiendo
cómo es que no te asusto.
Me estoy lavando en lágrimas.
Estoy creyendo que mi escudo es lo suficientemente grande para cubrirme.
Estoy clavándome los vidrios de tu silencio y es que ahora
no me corresponde hablar.
Volvamos al presente, cuando los cosmos hicieron colapso, y las nubes.
Las nubes quieren llevarme allá.
Decido quedarme quieta, casi invisible.
Esperando.
Esperando que vuelvas a mí.
sábado, 12 de octubre de 2013
Atrás
LLorar. Temblar. Doler.
Tratar.
Fallar.
Volver.
Escucho los pasos de los recuerdos que siguen ensuciando la pared.
La cama es un lago, las cortinas, el suelo.
Las cartas que duermen en un cajón. La memoria, sin fallas.
Todavía se me quiebra la voz. Pero me gusta jugar con las sombras blancas.
El sol me mira desde afuera en las tardes frías.
Estoy [a]dentro. Acá, sigo atada. Éstas cuatro paredes simbolizan los hierros de mi jaula.
(Miro para afuera desde ésta enorme ventana)
Y ahí, estoy de nuevo. Parada sobre las hojas, casi negras, en el patio por debajo
del árbol de membrillo que plantó Padre cuando yo aún no nacía.
Tengo los ojos brillantes, afilados, y la boca color rojo.
Llevo un vestido, y el viento me golpea las pestañas. Mi vestido baila al rededor de mis piernas.
(Me miro, a través de la ventana)
Estoy [a]fuera. Y allí, una neblina de brillantina me envuelve. Paz.
Parezco un cuadro. Libre, los huesos de mis hombros vacíos; limpios.
Parezco un cuadro. Sin la marca, sin el tallo inequívoco del dolor.
(Me miro por la ranura que arme, desde abajo de mis sábanas)
[A]dentro. Deje caer mi cuerpo sobre la cama. El sueño ya no me busca.
Inamovible. Tengo terror a la negrura que escupo por las noches.
(Me miro desde afuera de mi casa, lejos del patio, de frente en la calle de al lado)
Estoy. ¿Adentro o Afuera?
jueves, 10 de octubre de 2013
Octubre
Rojo.
Como la sangre.
Sangre.
Como el amor.
(Dormir con nosotros).
Él no se ata los cordones.
Sabe bailar con su boca entre mis costillas.
Tengo los píes fríos, el viento me asusta.
Él tiene los ojos cerrados.
Me asusta porque sacude todo lo que vive
dentro mio, lo hace rodar, lo envuelve, y
lo estrella contra los muros de mi cuerpo.
Él se entrega el mundo de los sueños. Recibe aire, lo expulsa.
El otro día tuve todas las venas expuestas. Mis manos,
como un árbol.
Él está inmóvil, pegado a mi cuerpo. Su mano se ajusta en mi muñeca.
Hay un círculo de luz solar en el techo. Yo, tengo los ojos abiertos.
Es que quiero girar en tazas gigantes de té. Hasta que todo
lo que me rodea se transforme en un línea recta o cientos de
líneas rectas, llenas de color.
Él se mueve, con los brazos me aprieta en las costillas, arrastrándome a su pecho.
Suspiro, intento escuchar su corazón. No lo logro.
El viento sigue explotando contra toda cosa inmóvil. Siempre queriendo entrar sin permiso.
Estoy de costado, mirando la pared color blanco, algo sucia, demasiado vacía o quizás
demasiado llena. Encuentro, sigo con mis dedos una grieta que rompe con lo blanco.
Camino sobre un hilo quebradizo en la pared.
¡Me detengo!
Él abrió los ojos.
Yo, cerré los míos.
[Dato: Soñé con un niño.
Estaba sentado sobre la mesa.
Tenía puesto un jardinero azul de jean,
y rulos, muchos rulos]
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