martes, 26 de noviembre de 2013

Clemencia

¿A qué punto llegaste?


Cuando te caes de rodillas en el baño.
Y las lágrimas te ensucian, la 
cara, la ropa, las manos.
Las piernas. 
Escuchas esa voz.
Esa voz que es tuya.
Esas manos que se juntan 
formando un sólo puño. 
Grande y cerrado
 tan duro como 
una roca. 
Esa voz pidiéndole a un Dios.
Esas venas que se quiebran 
porque no encuentran la sangre.
Esas rodillas que no pueden
adormecer los golpes anteriores.
Esa voz 
que grita y llora
Que aulla, pidiéndole a alguien
que no existe, que no
la dejen sola. 




martes, 12 de noviembre de 2013

lunes, 11 de noviembre de 2013

Cómo empezar



 XXV
Si pudiera salir del mundo, un segundo, trataría de decirme que existo lo mejor que puedo, 
que lo intento -desesperadamente- una y otra vez. 
 (Pero no alcanza)


XXVI
Soy mitad y el resto no lo digo.
Entre pasillos me muevo con las manos vacías. 
El aullido no cesa; mi corazón aullando amor. 
Soy mitad y el resto escritos que no escribo. 
Soy el dolor 
de todo aquello que no es el cuerpo.





Puede que este oscuro y no encuentre el camino.
Tengo la cara sobre las manos. Las manos sobre la mesa, tengo
todas las venas expuestas esperando
a que me las cortes de un tirón.
Los monstruos invisibles se han puesto de pie. 
Están adentro de la casa, metidos en las paredes, asomándose
en cualquier objeto que me rodea. 
Te ensucie con mis golpes, y te estoy dejando
lágrimas. Camino sobre las heridas que te hice y te abrí.
Veo la sangre y ahora somos un río.
Tus ojos no me buscan y los míos no te encuentran.
Es que me escondiste tu corazón en una caja de huesos.
Es que tus brazos no están al rededor mio y estoy fuera
de si; dentro del no. 
Escucho en el silencio el desprendimiento.
Es que me dejaste afuera y no me atrevo a golpearte la puerta.
Te encuentro conmigo en mis sueños, con flores de otro comienzo. En mis pesadillas
con presagios de un final. 
Volvamos atrás, cuando el sonido de mi silencio
nos empujo a los dos.
Te recuerdo sosteniéndome la cara y es que no entiendo
cómo es que no te asusto. 
Me estoy lavando en lágrimas.
Estoy creyendo que mi escudo es lo suficientemente grande para cubrirme.
Estoy clavándome los vidrios de tu silencio y es que ahora 
no me corresponde hablar.
Volvamos al presente, cuando los cosmos hicieron colapso, y las nubes.
Las nubes quieren llevarme allá.
Decido quedarme quieta, casi invisible.
Esperando.
Esperando que vuelvas a mí. 

sábado, 12 de octubre de 2013

Atrás


LLorar. Temblar. Doler.



Tratar.
Fallar.
Volver.


Escucho los pasos de los recuerdos que siguen ensuciando la pared.
La cama es un lago, las cortinas, el suelo.
Las cartas que duermen en un cajón. La memoria, sin fallas.
Todavía se me quiebra la voz. Pero me gusta jugar con las sombras blancas.
El sol me mira desde afuera en las tardes frías.
Estoy [a]dentro. Acá, sigo atada. Éstas cuatro paredes simbolizan los hierros de mi jaula.
(Miro para afuera desde ésta enorme ventana)
Y ahí, estoy de nuevo. Parada sobre las hojas, casi negras, en el patio por debajo
del árbol de membrillo que plantó Padre cuando yo aún no nacía.
Tengo los ojos brillantes, afilados, y la boca color rojo.
Llevo un vestido, y el viento me golpea las pestañas. Mi vestido baila al rededor de mis piernas.
(Me miro, a través de la ventana)
Estoy [a]fuera.  Y allí, una neblina de brillantina me envuelve. Paz.
Parezco un cuadro. Libre, los huesos de mis hombros vacíos; limpios.
Parezco un cuadro. Sin la marca, sin el tallo inequívoco del dolor.
(Me miro por la ranura que arme, desde abajo de mis sábanas)
[A]dentro. Deje caer mi cuerpo sobre la cama.  El sueño ya no me busca.
Inamovible. Tengo terror a la negrura que escupo por las noches. 
(Me miro desde afuera de mi casa, lejos del patio, de frente en la calle de al lado)
Estoy.  ¿Adentro o Afuera?