Permanecer en éste pequeño jardín contemplando lo que afuera pasa,dejar que el aire violáceo me acaricie la nuca.
Se derrumban los párpados, no tan pesados, y se levantan como un par de alas a punto de volar.
Los colores nunca se terminan si mi pelo largo se enrieda con las flores de jardín.
Los días no empiezan sin el aroma a café caliente, las noches no terminan sin que duelan los huesos de frío. Ese frío que te hace sonreír, recordándote que estas vivo.
Gastando tus pulmones de tanto respirar,aire puro, pintando estrellas en el cielo diurno.
Sin esperar, sólo recibiendo la paz de todo lo que te rodea.
Sin cuestionar, sólo observando como las cosas siguen el camino del río gris.
Dejando que el dolor interior se vaya con las montañas, con las calles, con el agua de lluvia,con la nieve, con la tierra húmeda, con las uñas cortas sin pintar, con las nubes bajas.
jueves, 16 de febrero de 2012
sábado, 11 de febrero de 2012
El no ser perfecta, me hiere
Escribió Sylvia Plath en su Diario
Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
“Milagro!”
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.---
No quiero una caja sencilla, quiero un sarcófago
de atigradas listas y un rostro pintado, redondo
como la luna, que mire, quiero
estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo
entre minerales mudos, raíces. Véolos
ya: los pálidos, astralmente distantes rostros.
Ahora no son nada, no son siquiera criaturas.
Imagínolos huérfanos, como los primeros dioses,
de padre y madre, se preguntarán si tuve importancia
¡Debí haber preservado mis días, como frutos, en azúcar!
Mi espejo se empaña:
unos pocos hálitos, y no reflejará ya nada.
Las flores y los rostros blanqueantes cual sábanas.
No confío en el espíritu. Huye como vapor en mis sueños,
por la boca o los ojos. No puedo impedírselo.
Un día se irá para no volver. Así no son las cosas.
Permanecen, sus luces idóneas se calientan
en mis manos frecuentes. Ronronean casi.
Cuando se enfrían las suelas de mis pies, los ojos azules,
mi turquesa, me darán solaz. Déjame
mis cacharros de cobre, déjame los cacharros de afeites,
que florezcan en torno a mí como flores nocturnas, aulentes.
Me envolverán en vendas, almacenarán mi corazón
bajo mis pies, bien envuelto.
Conoceréme a mí misma. Seré noche
y el relucir de tantas cosas será más dulce que el rostro de Istar.
de atigradas listas y un rostro pintado, redondo
como la luna, que mire, quiero
estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo
entre minerales mudos, raíces. Véolos
ya: los pálidos, astralmente distantes rostros.
Ahora no son nada, no son siquiera criaturas.
Imagínolos huérfanos, como los primeros dioses,
de padre y madre, se preguntarán si tuve importancia
¡Debí haber preservado mis días, como frutos, en azúcar!
Mi espejo se empaña:
unos pocos hálitos, y no reflejará ya nada.
Las flores y los rostros blanqueantes cual sábanas.
No confío en el espíritu. Huye como vapor en mis sueños,
por la boca o los ojos. No puedo impedírselo.
Un día se irá para no volver. Así no son las cosas.
Permanecen, sus luces idóneas se calientan
en mis manos frecuentes. Ronronean casi.
Cuando se enfrían las suelas de mis pies, los ojos azules,
mi turquesa, me darán solaz. Déjame
mis cacharros de cobre, déjame los cacharros de afeites,
que florezcan en torno a mí como flores nocturnas, aulentes.
Me envolverán en vendas, almacenarán mi corazón
bajo mis pies, bien envuelto.
Conoceréme a mí misma. Seré noche
y el relucir de tantas cosas será más dulce que el rostro de Istar.
miércoles, 8 de febrero de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
Insomnio
Anotaciones fugacez sin luz
VERTIGO: La tinta negra llenaba mi cuerpo. Mi cabeza, mi vientre, mis pechos. Entonces no soy más que un cuaderno repleto de historias negras.
ALGO:
Pero yo no estoy llorando. ¡Son mis ojos!
ALGO:
Pero yo no estoy llorando. ¡Son mis ojos!
Lunes - 4:50 hs
No es enojo, es tristeza.
No es tristeza, es angustia.
No es angustia, es desesperación.
No es desesperación, es pánico.
Martes - 3:32 hs
Es que un día vino, se paro frente mío, su mano atravesó mi pecho. Me arranco el corazón.
Lo dejo caer en la tierra, húmeda como mis ojos. Desde entonces el cuerpo no supo para que lado ir.
Febrero - 02: 55 hs
Intentas respirar profundo, tragar saliva, pero ya es tarde. Creció un árbol en tu garganta.
No sos dulce, sólo frágil.
Con la tristeza puedo tejer flores de mil colores.
Puedo invitar a mil personas a probar mis lágrimas, en tazas blancas, con bordes dorados.
Con la tristeza llego hasta el cielo me lleno de cicatrices de sol, de luna.
Mi silencio es impenetrable, nado en mis cenizas.
Nada importa.
Importa nada.
Ahora mis pestañas son como el césped recién regado.
Tengo pulso.
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